por Jesús Manuel de la Cruz
Imagen de portada: el santuario de Cancho Roano en torno al siglo IV a.C., por J. R. Casals.
Aunque no se han encontrado claros ejemplos de palacios y residencias aristocráticas en el territorio de Tarteso, los templos o santuarios, también íntimamente relacionados con el poder, son mucho mejor conocidos. En este artículo analizaremos algunos de los yacimientos arqueológicos más representativos en este campo, para poder dibujar unas ideas generales sobre los rasgos de estos edificios y sobre las ceremonias religiosas y otras actividades que se relacionaban con ellos.
El Carambolo.

Recreación del santuario de Cancho Roano en su época de esplendor. El corte permite ver las estancias interiores de recinto sagrado, en la capilla consagrada a Baal. Autor: Rocío Espín Piñar.
El yacimiento de El Carambolo representa el prototipo de santuario fenicio en la península ibérica gracias a su tamaño y a su completa excavación, por lo que lo utilizaremos como paradigma de los edificios religiosos tartésicos. El santuariose encuentra en el término municipal de la localidad de Camas, en Sevilla, y fue conocido a raíz del hallazgo de su famoso tesoro en el año 1958, durante unas obras en las instalaciones para la Asociación deportiva del Tiro del Pichón, que poseía el recinto en torno a la superficie del cerro, y fue excavado por el eminente catedrático arqueólogo Juan Maluquer de Motes, de la Universidad de Barcelona. Este descubrimiento, conformado por piezas de oro en forma de placas con un precioso acabado en artesanal, además de colgantes, se vio ampliado por una figurita de Astarté y un fragmento de cerámica de lo que parece un barco votivo o la parte de un incensario. Las piezas de oro formarían tres ajuares distintos, relacionados con el culto a los dioses del templo. El juego de collar y brazaletes formaba parte de la vestimenta litúrgica del sacerdote que oficiaba los ritos, atuendo importante en las fiestas religiosas principales y los rituales importantes. La fiesta mayor sería la celebración de la resurrección del dios Baal, esposo sagrado de Astarté. Los juegos de placas servirían para engalanar a la pareja de bóvidos destinados al sacrificio dedicado al matrimonio divino, una vaca blanca para Astarté y un toro pardo para Baal. En este sacrificio, los animales eran degollados y su sangre derramada en torno al altar. La grasa era entregada al dios y las partes más suculentas serían consumidas por los asistentes a la ceremonia, completando el festival.

Recreación de las joyas del santuario del Carambolo. El sacerdote y las reses irían así engalanadas en el día de la fiesta grande del dios, la ascensión de Baal a los cielos tras su muerte gracias a la intercesión de Astarté. Fuente: Escacena, J.L. y Amores, F. (2011).
El Carambolo está situado sobre un cerro a la orilla derecha de lo que fue el gran mar interior del Sinus tartésico, emplazado entre Spal, hoy Sevilla, y Caura, Coria del Río, un emplazamiento que permitía observar todo su entorno y lo hacía fácilmente distinguible para los barcos que surcaban el antiguo golfo interior. El edificio pasó por una serie de fases constructivas, identificadas de más antigua a más moderna como V-I o E-A.
El edificio original, Carambolo V o Santuario E, fue construido en el siglo IX a.C. Era un edificio con una estructura rectangular alargada, orientada en dirección este-oeste, construido en adobe y pintado en blanco. El edificio miraba al ocaso del Sol y de Venus durante el solsticio de invierno, el primero como representación de Baal y el segundo como representación de Astarté. La fiesta de la resurrección de Baal estaría relacionada con el ocaso del Sol en invierno, celebrando la muerte y el nacimiento del dios después de tres días, augurando el inicio de un nuevo año. Por otro lado, la dedicación a Astarté como Venus es muy común en los enclaves costeros fenicios, relacionado con el papel de la diosa como protectora de la navegación y de la fecundidad. El edificio estaba dividido en dos capillas contiguas, formadas por estancias abiertas con bancos corridos a los lados. Su interior estaría pintado en blanco, con el suelo y los bancos de color rojo. En la capilla de la derecha, se encontraba un hogar circular con un reborde enfoscado, que servía como altar donde quemar ofrendas; la de la izquierda no se ha conservado por las obras modernas. El umbral de acceso al santuario estaba recubierto por conchas marinas, asociadas con los genitales femeninos y la fertilidad relacionados con el culto a Astarté. Es posible que actuaran en un sentido mágico protector, o tal vez sacralizando el acceso a las estancias interiores.
En las reformas de Carambolo IV o Santuario D, el santuario original fue demolido y su solar aplanado. El nuevo complejo contaba con dos edificios simétricos de dimensión cuadrangular. La capilla norte estaba decorada de blanco con el suelo y los bancos de color rojo, y contaba con un altar cuadrado: era el santuario dedicado a Astarté. La capilla sur mantenía un altar rehundido en el suelo con forma de piel de toro, dedicado a Baal, y su decoración hasta la altura de los bancos era de un ajedrezado de rojo, negro y amarillo. Cada capilla estaba flanqueada por habitaciones estrechas, que serían dedicadas para la preparación de ofrendas y el almacenamiento. Este santuario fue reformado en su fase III o C, ampliando los edificios anexos y construyendo un porche que se decoró con las conchas de Astarté, mientras que el patio se pavimentó con cantos rodados. El espacio sagrado del santuario estaba limitado por un muro. En su extremo norte se preparó un patio dedicado a basurero de los objetos rituales, donde se encontró el tesoro y los otros objetos que nos hablan del culto del santuario.
Durante la fase de El Carambolo II o Santuario B se continuó con la ampliación del templo y surge el poblado del Carambolo Bajo, relacionado con la labor del santuario, tal vez habitado por artesanos especializados en la fabricación de ofrendas y otros objetos del culto diario. La última etapa del templo es Carambolo I o Santuario A, cuando se realizó la ampliación que supone la máxima extensión del santuario. Con el paso del siglo VII al VI a.C., coincidiendo con la crisis de Tarteso, el edificio quedó en desuso. El abandono debió de realizarse con cierta urgencia pero de forma organizada, lo que llevaría a ocultar sus bienes más preciados en el basurero. Tras ello no quedó completamente deshabitado, si no que aún se utilizó por un tiempo para realizar actividades artesanales metalúrgicas y como vivienda de los artesanos.



Etapas sucesivas del santuario del Carambolo. Fuente: In Finibus Tartessorum. Ayuntamiento de Camas. https://www.camas.es/es/municipio/historia/in-finibus-tartessorum/
El santuario de Onoba.

Imagen y plano del santuario de la calle Méndez Núñez, en la zona portuaria de Onoba. Autor: Mederos, A. (2021)
Este santuario fue excavado en 1998 por un equipo dirigido por Fernando González de Canales, y pertenece a una cronología a caballo entre los siglos X y IX a.C., por lo que se enmarca en el momento inicial de la presencia fenicia en Onoba. El templo estaba situado en la antigua línea de costa de la ciudad, y junto a él se han encontrado grandes cantidades de cerámica, que nos hablan de la importante actividad mercantil que se desarrolló en sus inmediaciones, entre ellos cerámicas a mano indígenas, cerámicas fenicias y cerámicas griegas que permiten datar con bastante precisión su cronología, además de señalar los focos de origen del comercio con Onoba. El templo fue hallado en la calle Méndez Núñez de Huelva, a una altura inferior al actual nivel freático, lo que dificultó la excavación de los niveles más antiguos, aunque se obtuvo material cerámico que permitió su datación cronológica.
Por encima del nivel de aguas se detectaron tres fases de construcción diferentes, la primera, en torno a finales del siglo VIII a.C. formada por un pequeño templo de planta rectangular con muros de adobe, pavimentos de arcilla y un hogar creado sobre placas cuadrangulares de arcilla. Junto con materiales litúrgicos, como incensarios o lucernas fenicias y griegas, se encontró también un horno de copelación de plata y algunos pequeños lingotes que indican que hubo talleres artesanos metalúrgicos junto al templo, donde se llevaba a cabo el procesado de los metales antes de su embarcación hacia Oriente. Este santuario perduró hasta principios del siglo VI a.C., cuando un maremoto arrasó el lugar. De la segunda fase, entre los siglo VII y VI a.C. se encontró un círculo de cuñas de pizarra para sujetar cuatro o cinco betilos de piedra, las formas de la deidad del santuario, que se mantuvieron en uso hasta la fase III, que comenzó a mediados del siglo VI a.C. En la última fase el santuario se amplió con algunas habitaciones anexas, que sirvieron para el almacenaje de ánforas, además de evidencias de un taller de orfebrería y transformación de metal.
El aspecto mercantil del santuario de Onoba resulta muy importante, dadas las pequeñas dimensiones del espacio sagrado pero las numerosas cerámicas encontradas, además de pistas que indican la presencia de talleres de artesanos especializados, además de otras pruebas, como pesos y punzones de marfil, que indican que se llevaban a cabo transacciones comerciales. Es posible que la datación temprana del edificio indique la temprana presencia del emporio fenicio en Onoba, cuyos miembros fueron acogidos bajo la protección de los señores locales. La presencia de la divinidad en un espacio de mercado es un elemento muy relacionado con las tradiciones fenicias, quienes buscaban en los dioses la salvaguarda de los comerciantes. La sanción divina se convertía en una garantía de trato justo y de protección para los agentes que participaban en las transacciones, tanto indígenas como fenicios. Es por ello que los templos se convierten en un elemento fundamental en la fundación de cualquier asentamiento, y un espacio habitual de interacción entre los viajeros orientales y la población local.
La habitación sagrada de Carmona.

Recreación de la habitación sagrada de Carmona con la ubicación de los tres pithoi decorados encontrados en su interior. Autor: María Belén Deamos.
La habitación sagrada encontrada en Carmona fue en realidad la parte de un complejo templario, pero la excavación parcial del mismo no ha permitido conocer más que esta única estancia. Sin embargo, los hallazgos cerámicos de su interior son tan importantes que nos sirven de ejemplo del tipo de ricos materiales y decoración que podrían encontrarse en el interior de estos templos.
El hallazgo de este espacio sagrado se produjo a partir de las obras de rehabilitación de la Casa Palacio del Marqués de Saltillo, en el casco urbano de Carmona. La excavación de urgencia fue llevada a cabo por un equipo de la Universidad de Sevilla bajo la dirección de la profesora María Belén Deamos. Su trabajo permitió identificar la estructura del santuario tartésico, datado entre el siglo VII y principios del siglo V a.C. La habitación debió formar parte de un recinto mayor, tal vez una de las capillas del edificio sagrado, con unas dimensiones de cuatro metros y medio por casi dos metros. La construcción estaba realizada con paredes de adobes levantadas sobre un zócalo de piedra, revocadas con arcilla y enlucidas con cal repetidas veces como parte del mantenimiento del interior, con un pavimento de tierra batida pintada de rojo granate. El resto del edificio se vio muy dañado por obras de construcción de época antigua, incluyendo una cisterna romana excavada en su esquina sur. En las tres esquinas de la habitación que permanecen intactas se abrieron huecos para encajar vasijas de cerámica o pithoi de una belleza y calidad increíbles, lo que ha sugerido la función sagrada del lugar.

Montaje digital de algunos de los objetos encontrados en la habitación de Carmona. Las cucharillas en forma de extremidad de antílope o ciervo y la cuidada decoración de los pithoi reflejan la riqueza de los materiales que podían encontrarse en los santuarios tartesios. Fuente: Belén, M. et alii (1995).
Los tres píthoi tenían un cuerpo ovalado con cuello corto y asas que arrancan de su boca. Están fabricados a torno en tres partes ensambladas. Las cerámicas se rompieron y fueron reparadas con una técnica conocida como lañado, que consiste en coser las piezas con fibras, algo que nos habla del valor y consideración que tuvieron esos objetos en la antigüedad. La decoración del vaso principal muestra un friso con una procesión de grifos desfilando con aire solemne, entre flores y capullos de loto. De su antepecho cuelga un faldellín, siguiendo un modelo de decoración típico del arte fenicio. Las otras dos piezas son de tamaño similar, fabricadas tal vez por el mismo alfarero o taller. Su decoración está formada por un friso con una cadena de flores y capullos de loto entrelazados, otro motivo típico del arte fenicio.
Además de los restos de estos píthoi pintados, en el suelo del cuarto se encontraron distintos fragmentos de cerámica. Algunos pertenecieron a vasos que imitan las formas de ánforas comerciales de estilo fenicio, aunque pudieron ser de factura local, y que fueron usadas como envases para salsas y salazón de pescados. Otros pertenecían a dos copas de cerámica gris de muy buena factura, con un aspecto casi metálico, un plato de barniz rojo y otro recipiente muy tosco, una cazuela fabricada a mano. También se hallaron cuatro cucharas de marfil talladas cuidadosamente como si fueran las patas de un animal de pezuñas hendidas, muy parecidas a las patas estilizadas de los grifos del vaso principal. Este grupo de objetos es conocido como “El conjunto de Saltillo”, y es posible que formaran parte del menaje propio de los rituales que se celebraban en el lugar. El número de copas parece corresponder de alguna forma con los dos vasos con flores de loto, mientras que el plato, el recipiente a mano y las bonitas cucharas son objetos curiosos y únicos que nos hablan de las ceremonias singulares que debieron llevarse a cabo.
Cancho Roano.

Superposición de planos de Cancho Roano desde la capilla inicial. Fuente: Celestino, S. y Rodríguez, E. (2019): “El santuario de Cancho Roano C: un espacio consagrado a Baal y Astarté”. Ophiussa, 33. pp. 27-44.
Al igual que El Carambolo, Cancho Roano es uno de los pocos santuarios excavados en su totalidad. Este santuario se encuentra situado en la vaguada de una densa dehesa atravesada por el río Ortiga y su afluente el arroyo Cagancha, alimentados por fuentes cercanas que los mantienen con agua todo el año. El arroyo pasa por su frente, a escasa distancia de su acceso principal, y un foso recorre todo el edificio, alimentado por las aguas surgentes del valle, lo que lleva a pensar que el agua debió formar parte del valor sagrado del espacio donde se decidió construir este santuario. El yacimiento de Cancho Roano es un viejo conocido de la arqueología protohistórica y dispone de un amplio corpus bibliográfico. Aquí nos centraremos en las conclusiones del último equipo a cargo de la excavación desde inicios del siglo XXI, dirigido por el investigador del CSIC Sebastián Celestino Pérez.
Del primer edificio, o Cancho Roano C, la información es muy limitada, dado que se encuentra bajo los cimientos de las ampliaciones posteriores. Su estancia principal, la Habitación 7, fue el centro del santuario desde su fundación, cuyo espacio fue respetado en todas las ampliaciones posteriores que sufrió el edifico, que consistieron en la demolición, el allanado y posterior construcción de nuevas estructuras, una técnica muy similar a la que El Carambolo. Debió tratarse de una capilla construida a inicios del siglo VI a.C., con dos capillas contiguas dedicadas a Astarté y Baal, cada una de ellas acogiendo respectivamente un altar circular y de piel de toro, y cuyas puertas se orientaban hacia la salida del sol y daban a un patio con suelos del mismo color rojo y restos de hogueras realizadas en el suelo, junto con dos recipientes a torno situados en los lados que pudieron contener agua usada para los rituales relacionados con la diosa.
Sobre estas capillas originales se levantó a finales del siglo VI a.C. Cancho Roano B, fruto de una ampliación del santuario original, que añadió nuevas habitaciones hasta crear el complejo que luego se consolidaría, ya en el siglo V a.C., con Cancho Roano A. Todas las ampliaciones respetaron el espacio consagrado iniciado en C, y mantuvieron el mismo cromatismo de su suelos, de color rojo, y del enlucido de sus muros, de color blanco, perpetuando el simbolismo propio del culto a las dos divinidades que habitaban el santuario. Cancho Roano A constaba de una entrada monumental limitada por dos pequeñas torrecillas a la que se accedía a través de un amplio puente de piedra. Uno de los peldaños de escaleras de la puerta de acceso al patio interior estaba formada por una estela de guerrero. Existe un estrecho corredor que circunda el edificio principal, a donde dan numerosas celdillas cuya interpretación ha sido discutida durante largo tiempo, pero que posiblemente eran espacios de almacenamiento de las ofrendas y pagos en especie que se entregaban al santuario. Frente a la puerta monumental se abría un pequeño patio cuadrado con un banco corrido y un pozo, de donde seguramente se obtenía agua para los rituales del interior. El patio estaba limitado por dos cuerpos adelantados del edificio principal, que confieren a su planta una característica forma de U invertida.
Unas escaleras permitían acceder a las estancias del edificio principal, construidas en torno a una habitación cegada donde, en tiempos del edificio B, se alzó una columna que conectaba simbólicamente con el altar sagrado de la capilla original. Esta columna proyectaba el altar hasta la azotea del edificio, donde se llevaban a cabo los actos rituales en la fase final de la construcción. Las estancias contiguas contuvieron muebles, cerámicas locales y de importación y joyas que sirvieron para adornar a los sacerdotes y posiblemente a algunas figuras, tal vez de madera, que representaban a las divinidades. Una única ventana conservada en el cuerpo opuesto a las escaleras de acceso permitía asomarse al patio, y tal vez fuera utilizada para dejar ver a las figuras de la divinidad principal del santuario en momentos señalados, una figura posiblemente de madera que era vestida con trajes y joyas. Esta divinidad pudo ser la diosa Astarté, diosa de la fertilidad, la naturaleza y la vida, asociada con los cursos de agua y los manantiales surgentes que caracterizan el espacio que ocupa el santuario.
Al igual que el edificio de Casas del Turuñuelo, Cancho Roano fue objeto de un complejo ritual de clausura en algún momento a finales del siglo V a.C. El edificio fue quemado con todos sus enseres y objetos valiosos en el interior, muchos de los cuales habían sido previamente rotos o inutilizados. En el exterior se llevó a cabo una festividad, cuyas basuras y objetos cerámicos fueron arrojados a un lado del foso. En el ritual se llevó a cabo el sacrificio de animales, incluyendo caballos y asnos cuyos cuerpos no fueron utilizados para alimento, sino que formaron parte de los animales ofrecidos a la divinidad. Tras ello, el edificio fue sepultado con tierra sacada de las proximidades, y permaneció oculto hasta su excavación moderna.

Recreación de la ceremonia de clausura final de Cancho Roano. Autor: Iñaki Díeguez
Bibliografía seleccionada
Belén, M. et alii (1995): “Excavaciones de urgencia en la casa palacio del Marqués de Saltillo (Carmona, Sevilla)”. Anuario Arqueológico de Andalucía, 1992. Junta de Andalucía. pp. 666-675.
Celestino, S. (2022): Cancho Roano. Un santuario tartésico en el valle del Guadiana. Almuzara, Mérida.
De la Bandera, M. L. y Ferrer, E. (coords.) (2010): El Carambolo. 50 años de un tesoro. Consejería de Cultura, Sevilla.
Escacena, J. L. y Amores, F. (2011): “Revestidos como dios manda. El tesoro del Carambolo como ajuar de consagración”. Spal, 20. pp.: 107-141.
Mederos, A. (2021): “El santuario fenicio de la calle Méndez Núñez-Plaza de las Monjas (Huelva, España) y el inicio de los asentamientos fenicios en la península Ibérica”. Saguntum, 53. pp. 35-57.
Navarro, A. D. (2021): Astarté en el extremo occidente: la diosa de El Carambolo, Spal Monografías Arqueología, XL, Universidad de Sevilla, Sevilla.