Genética y megalitismo

por Jesús Manuel de la Cruz

Imagen de portada: interior de una tumba dolménica en la comarca de La Lora, Burgos, por J. R. Almeida.

Los estudios de genética han avanzado hoy hasta el punto de otorgarnos un conocimiento preciso y detallado sobre las culturas de la Prehistoria a partir de sus datos genéticos. En este artículo vamos a analizar uno de estos logros, básico para la caracterización de las culturas prehistóricas, que es la capacidad de poder analizar el sexo genético de los individuos, superando barreras que hasta este momento parecían infranqueables. Al poder conocer al detalle datos sobre la demografía de estas sociedades, podemos hacer una construcción fidedigna de algunas de sus tradiciones y costumbres que hasta este momento solo habíamos podido deducir a través de la antropología comparada y de un imperfecto sistema de identificación por sexos.

En concreto, el estudio del sexo de los individuos en los sepulcros megalíticos del Neolítico y el Calcolítico nos están permitiendo identificar conductas sociales como la patrilocalidad o la matrilocalidad, esto es, el movimiento de mujeres u hombres en edad adulta con el objeto de unirse a una pareja, o de forma genérica diríamos que para contraer matrimonio, en un lugar diferente del que se habían criado. Estas pautas nos ayudan a desentrañar otras claves de la Prehistoria, como los movimientos que producen conexiones e intercambios entre culturas, y son útiles para entender mejor a los pueblos que nos precedieron. También, a veces, ayudan a superar viejos estereotipos y cambiar apreciaciones sobre nuestro pasado. Veremos algunos casos.

Actualmente existen tres técnicas diferentes que permiten identificar el sexo genético de los individuos.

Análisis osteológico. Es la más tradicional de ellas, y también la más barata. Permite reconocer las características sexuales de los individuos a través del análisis de sus huesos. En la especie humana hombres y mujeres poseemos dimorfismo sexual, es decir, existen diferencias moderadas entre el esqueleto de un hombre y el de una mujer. Para poder reconocerlos, se observan los rasgos específicos en el cráneo y la pelvis, que son las partes más distintas. Este método es más efectivo en adultos que ya están desarrollados, pero no es tan útil en niños y preadolescentes, y sus conclusiones son muy limitadas si los restos están fragmentados o mal conservados. Además, es fácil que se confundan los rasgos si las partes no están en perfecta conservación, lo que lleva a que suelan catalogarse como masculinos huesos que no lo son.

Análisis de ADN antiguo, o aDNA. Este análisis que permite identificar el sexo biológico mediante la identificación de los cromosomas sexuales, el cromosoma XX para mujeres y el XY para hombres. Es un método muy fiable, pero depende de cómo se haya preservado el ADN en los restos, algo que depende de muchos factores. Los huesos densos, como el fémur, la tibia o los dientes son perfectos para este análisis. El estudio, además, es costoso y puede no estar al alcance de todos los trabajos de investigación.

Análisis de amelogenina. Se trata de la técnica que ha demostrado ser más eficaz para el reconocimiento del sexo biológico de un individuo. Se consigue a través del análisis de péptidos, partes fundamentales de las proteínas. Dada su dureza, el lugar perfecto para encontrar estos péptidos es en la proteína de la amelogenina, que es parte del esmalte dental. Al igual que el ADN, esta proteína permite reconocer los cromosomas sexuales X e Y. Se trata por tanto del método es especialmente útil en restos mal conservados y en individuos no adultos, cuyos dimorfismo no están completamente desarrollados. Este método ha demostrado ser el más preciso y confiable en comparación con los anteriores, tanto por su fiabilidad como por la capacidad de encontrarlo en restos mal conservados, aunque siempre que se encuentren dientes. Igualmente es más costoso y requiere equipos especializados, por lo que el alcance para los trabajos de investigación es limitado.

Reconstrucción del sepulcro de la Señora del Marfil con su ajuar. Fuente: Miriam Luciañez Triviño, en Cintas-Peña, M. et alii (2023).

La Señora del Marfil.

Un caso especialmente relevante que marcó un hito en la investigación fue el de la conocida como Señora del Marfil, una mujer enterrada en el mega-yacimiento calcolítico de Valencina de la Concepción. Cuando fue descubierta, el estudio osteológico indicó que era un hombre, por lo que recibió el nombre del Traficante del Marfil. Sin embargo, un artículo publicado en 2023 (Cintas-Peña, M. et alii) describió la aplicación experimental del análisis de péptidos de amelogenina en el esmalte dental en los restos conservados de este personaje y permitió determinar su sexo cromosómico femenino.

La tumba de la Señora del Marfil fue el hito fundacional de toda una necrópolis, que se construyó dejando un espacio de respeto que nunca llegó a ocuparse con otras tumbas, lo que ha servido para explicar la importancia que tuvo esta mujer para su comunidad, que tuvo que pervivir en el recuerdo de varias generaciones a través de relatos orales, cantos o leyendas. De hecho, dentro de esta necrópolis se construyó el enorme dolmen de Montelirio, donde algún tiempo después de la muerte de la Señora fueron enterradas en torno a una veintena de mujeres con lujosos vestidos hechos con miles de pequeñas cuentas de hueso, piedra y marfil, y que tal vez ostentaron un papel como sacerdotisas para su comunidad. La presencia de altas concentraciones de cinabrio en los huesos de las mujeres de Montelirio y de la Dama del Marfil ha llevado a pensar que utilizaron este material, de un color rojo brillante, como pintura corporal o que incluso lo inhalaron o lo ingirieron como parte de los rituales y ceremonias que celebraron, lo que a la larga condujo a su envenenamiento y su muerte.

El hallazgo de Valencina tuvo un gran éxito y desafió las interpretaciones tradicionales sobre los roles de género en las sociedades de la Edad del Cobre, ofreciendo datos que deben tenerse muy en cuenta sobre el papel de las mujeres en la construcción de las primeras desigualdades sociales de la Prehistoria, y que desdibujan el viejo prejuicio que piensa que la jerarquía social nació junto con las diferencias de poder entre géneros.

Dibujo que recrea la construcción del dolmen de la Nava Negra, uno de los muchos que jalonan la comarca de La Lora. Fuente: J. R. Almeida.

Tumbas megalíticas de La Lora.

La comarca de La Lora está ubicada en la provincia de Burgos. Se caracteriza por sus páramos de piedra caliza situados entre las estribaciones de la Cordillera Cantábrica que miran al sur. Los numerosos monumentos megalíticos que jalonan esta región han sido estudiados desde la década de 1980 y han proporcionado información muy valiosa sobre el fenómeno megalítico en el norte de la península ibérica, cuyo uso se concentra principalmente entre el 4000 y el 3000 a.C.

Los monumentos megalíticos que pueden encontrarse en la comarca de las Loras incluyen una gran variedad de tipos, desde pequeños túmulos hasta grandes sepulcros de corredor, fruto de la lenta evolución de las formas constructivas de este tipo de monumentos. Un estudio publicado en 2026 (Santa Cruz, A. et alii) analizó siete de los catorce sepulcros megalíticos conocidos en la región, aquellos que poseían un número de individuos lo suficientemente alto como para poder llevar a cabo análisis estadísticos fiables. Entre estos monumentos, cabe destacar en primer lugar el sepulcro de corredor de Las Arnillas, con un pasillo cubierto y una cámara poligonal donde fueron enterrados 32 individuos en dos periodos distintos, a mediados del IV milenio y a principios del III milenio a.C. En segundo lugar se encuentra la Cista de La Nava Alta o de Villaescusa, un sepulcro mucho más simple con una sala rectangular donde fueron enterrados 30 individuos entre mediados y principios del IV milenio a.C.

El estudio del esmalte dental de los monumentos de La Lora reflejó distintos ratios en el enterramiento de hombres y de mujeres, lo que implica que en estos lugares se siguieron distintas prácticas o tradiciones a la hora de decidir quién tenía el privilegio de ser enterrado junto a los restos de los ancestros de la comunidad. En algunos de estos monumentos el equilibrio entre hombres y mujeres adultos era similar, pero en Las Arnillas y Villaescusa se muestran sesgos muy elevados, siendo Las Arnillas el más exagerado, con una predominancia casi total de hombres. Este aumento en la representación masculina fue acentuándose a lo largo del IV milenio a.C. y no corresponde a un criterio aleatorio, sino consciente, lo que sugiere que los requisitos para seleccionar quién tenía acceso al enterramiento en estos sepulcros se hicieron cada vez más restrictivos, especialmente para las mujeres adultas. Sin embargo, y aquí viene el valor de las técnicas de estudio de la amelogenina, a la hora de estudiar a los individuos jóvenes o infantiles que sí habían sido enterrados, se descubrió que lo que pasaba con las mujeres no ocurría con las niñas, que sí tiene una representación más igualada con los niños, y a veces incluso aparecen en mayor número que ellos

Los resultados del estudio sobre el sexo de los individuos enterrados en Las Loras sugieren que estas comunidades se organizaban en grupos de parentesco patrilineales, donde los hombres vivían en su lugar de nacimiento y tenían un papel predominante en el acceso a los sepulcros. Esto, por tanto, indica que en estas poblaciones la costumbre era que las mujeres se casaran fuera de su grupo y marchaban a vivir con las familias de sus maridos. Las niñas, al no haber abandonado aún su hogar natal, sí podían acceder a los sepulcros familiares, mientras que las mujeres, llegadas de otros sitios para formar una familia, no eran consideradas miembros de pleno derecho de sus comunidades y por tanto eran excluidas de ese tipo de enterramiento.

Ortofoto y ubicación de la necrópolis de Panoría, en Granada. Fuente: Díaz-Zorita, M. et alii (2024).

El cementerio megalítico de Panoría.

No en todos los lugares podemos encontrar una misma tradición de enterramiento, lo que explica que las comunidades prehistóricas eran lo suficientemente complejas y diversas como para escapar de rápidas generalizaciones. Algunos años antes del análisis llevado a cabo en Las Loras se publicó un estudio que desvelaba los datos recogidos en la necrópolis megalítica de Panoría, en Granada (Díaz-Zorita, M. et alii, 2024).

La necrópolis de Panoría está ubicada en al pie del cerro del mismo nombre, en la localidad de Darro, en Granda. Está formada por al menos 19 dólmenes de pequeño tamaño, excavadas parcialmente en el suelo, con cámaras y corredores de grandes lajas de piedra, sobre las cuales posiblemente se elevó un túmulo de tierra. En las excavaciones realizadas en 2015 y 2019 se exploraron nueve tumbas, de las Tumbas 3, 10, 11 y 15 contenían depósitos rituales en gran parte intactos, lo que ofrecía una gran oportunidad para un estudio en detalle de sus prácticas funerarias. Las tumbas están alineadas a intervalos regulares y orientadas hacia el amanecer en el equinoccio, con un claro simbolismo ritual. En su interior se encontraron una gran cantidad de restos humanos amontonados y removidos por la acción de los enterramientos que se sucedieron en el tiempo a lo largo de muchas generaciones. Los esqueletos articulados se encontraron en una posición flexionada, en actitud durmiente, y colocados sobre su lado izquierdo, orientados de oeste a este, alineados con el eje principal de las cámaras funerarias. Esto indica que, aunque los huesos acabaran muy removidos por el trasiego de los ocupantes, los cuerpos eran depositados con mucho cuidado, siguiendo un detallado ritual con profundo significado. La necrópolis presenta dos grandes momentos de utilización. La fase más antigua se desarrolló principalmente a partir del 3500 a.C., abarcando posiblemente cinco o seis generaciones sucesivas, esto es, algo más de un siglo. Tras un período de inactividad de varios siglos, en torno al 2400 a.C., comenzó otro periodo de uso prolongado del lugar, que abarcó unas cuatro generaciones. De forma muy significativa, los análisis cronológicos demuestran que esta segunda fase terminó en la misma época en que comenzó a desarrollarse la cultura argárica en esta región.

De los huesos analizados en los sepulcros se han podido identificar un mínimo de 90 personas, de las cuales la mitad pudieron ser sexadas siguiendo el triple método que hemos explicado al principio: por su dimorfismo sexual, por ADNa y por la amelogenina dental. Esto permitió que, por primera vez, en este tipo de estudios, se incluyeran a individuos no adultos en el análisis, algo que más adelante sería aplicado en las Loras. La sorpresa de estos análisis es que, al contrario que en otras poblaciones conocidas o como el caso específico del megalitismo burgalés, la población de Panoría mostró un marcado desequilibrio a favor de las mujeres. El patrón pudo además confirmarse en todas las tumbas excavadas y en los dos momentos de uso de la necrópolis, separados por aproximadamente un milenio, lo que sugiere una tradición de muy larga duración que se mantuvo vigente durante todo el Calcolítico, coincidiendo históricamente con el momento de poder de las mujeres de Valencina de la Concepción que ya hemos conocido. Estas diferencias son claras en todos los grupos de edad representados en las cámaras funerarias, tanto adultos como niños, pero en Panoría la ausencia de niños varones resulta espectacular, especialmente en su fase más antigua, marcando una tendencia a una mayor representación de los hombres, pero contraria en su sentido general a la que hemos visto en las Loras.

Que en ambas fases de la actividad funeraria de la necrópolis y en todas las categorías de edad aparezca una misma diferencia de sexos indica que en Panoría, al contrario de lo que ocurría en las Loras, la estructura social estaba centrada en las mujeres, y que eran los hombres los que accedían a esta comunidad por matrimonio y por tanto no eran considerados miembros de pleno derecho. Esta tendencia a la representación femenina en esta comunidad no es única, y se conocen ejemplos en Portugal o en las Islas Británicas, pero destaca por estar muy bien documentada gracias al empleo simultáneo de tres técnicas de identificación sexual diferentes. La tendencia a la representación de las mujeres en Panoría podría indicar que en esta comunidad las mujeres poseían un rol social importante, apuntando a la existencia de una sociedad matrilineal donde la descendencia se marcaba por la línea materna. Por otro lado, al igual que ocurría en Valencina, es posible que las mujeres estuvieran a cargo de funciones muy valiosas para su comunidad o que ostentaran cargos en algunas estructuras de poder que explicarían por qué eran consideradas de ser dignas de enterrarse con sus antepasados. Por su parte, es posible que la escasez de varones indicar que eran ellos quienes abandonaban el hogar para casarse, pero la ausencia de niños requiere de otra explicación.

Bibliografía.

Cintas-Peña, M., et alii (2023): “Amelogenin peptide analyses reveal female leadership in Copper Age Iberia (c. 2900–2650 BC)”. Scientific Reports, 13: 9594.

Díaz-Zorita, M., et alii (2024): “Female sex bias in Iberian megalithic societies through bioarchaeology, aDNA and proteomics”. Sci Rep, 14: 21818.

Santa Cruz, A., et alii (2026): “Peptide and osteological evidence for sex bias in megalithic tombs of La Lora region, Northern Iberia”. Archaeological and Anthropological Sciences, 18: 65.

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