Los nuevos retos que plantea Tarteso

por Jesús Manuel de la Cruz Martín

Imagen de portada: mapa de Tarteso en la desembocadura de Guadalquivir, realizado por Jorge Bonsor para su libro Tartessos, editado por la Real Academia de la Historia en 1921.

Tarteso es una de las culturas con mayor tradición historiográfica en nuestro país, por lo que cualquier trabajo de divulgación sobre él deberá ser sucinto o abarcar un aspecto concreto del amplio espectro de investigaciones que se han desarrollado sobre él. En nuestro caso, nos centraremos en el origen y evolución de sus grupos de poder, creando un contexto general que nos permita entender mejor su ámbito histórico-cultural y las posibles estructuras sociales y conceptos ideológicos que justificaban su poder.

Tarteso fue tuvo en los escritos de los autores clásicos griegos y romanos una gran variedad de significados. En el siglo V a.C., en tiempos del historiador griego Heródoto, Tarteso era un espacio situado en el límite del mundo conocido, desdibujado entre la verdad y el mito, un lugar semilegendario que servía como sinónimo de riqueza, especialmente a través de la figura de su rey mítico Argantonio, relacionado con la raíz de la palabra “plata” y caracterizado por poseer una edad centenaria, ambos atributos propios de personajes mitológicos y detrás de los cuales puede guardarse el recuerdo oral de las monarquías tartésicas que regían el territorio del Guadalquivir, enriquecidas por el comercio con las culturas del Mediterráneo oriental. Durante el helenismo, la consolidación de los contactos entre las culturas clásicas y la península ibérica llevó a una consolidación del término como el nombre de un territorio real, pero aún lejano, que llevó a diversos autores a confundir, de manera casi inextricable para nuestra perspectiva actual, el concepto de Tarteso como ciudad o como territorio. Ya en época romana, cuando Hispania se convirtió en un territorio bien conocido, el territorio del valle del Guadalquivir comienza a ser conocido como Bética, pero algunos historiadores y geógrafos aún usarán el término Tarteso con un sentido arcaizante, el nombre de un viejo recuerdo cuya realidad está ya completamente fusionada con el mito.

Si en época romana Tarteso era un término similar al país de Jauja de nuestra actual tradición popular, en referencia a un lugar de riqueza y abundancia, la recuperación del término como un espacio real de ubicación específica se debe especialmente a la obra del autor alemán Adolf Schulten. Este historiador y filólogo llevó a cabo un exhaustivo estudio de la región sur peninsular en busca del país y la ciudad de Tarteso durante las primeras décadas del siglo XX. Los trabajos de Schulten supusieron el inicio de la investigación historiográfica moderna sobre esta cultura. Sin embargo, su investigación estaba imbuida por la ambición de emular a autores como Schliemann o Evans, quienes habían desvelado la realidad arqueológica de Troya y la cultura minoica. Sin embargo, Tarteso representa una realidad muy diferente, y desde nuestra perspectiva actual los estudios de Schulten solo sirvieron para perpetuar un mito en tiempos modernos, cuya sombra ha sido muy alargada en el mundo académico, quien ha requerido de muchos esfuerzos para poder superar aquellas concepciones hoy consideradas erróneas. Pero mientras Schulten buscaba una ciudad perdida, otros autores como Jorge Bonsor llevaron a cabo trabajos más metódicos y cercanos a los estándares actuales, basados en la catalogación y registro de la evidencia arqueológica, que colaboraron activamente en la construcción de un corpus de investigación con mayor valor para la historiografía moderna.

Cartel de anuncio del I Congreso, celebrado en Huelva en diciembre de 2011. El libro con las actas del congreso fue publicado por Almuzara en 2013.

La cantidad de bibliografía sobre Tarteso y la dificultad para elegir un punto donde comenzar puede desanimar al investigador novel, pero un buen punto de inicio pueden ser las obras recopilatorias de los congresos internacionales sobre Tarteso, celebrados en los años 2011 y 2023. El primer congreso internacional de Tarteso se celebró en Huelva en diciembre de 2011. Tras la finalización del congreso se publicó un Manifiesto en el que se estableció el “estado de la cuestión” de lo tartésico que nos sirve de punto de inicio y definición de esta cultura. Hoy entendemos Tarteso como una cultura del suroeste peninsular que se desarrolla coincidiendo con la presencia fenicia entre los siglos IX y VI a.C., con raíces en el fenómeno de las estelas y en los contactos establecidos con los pueblos marineros del Mediterráneo Oriental durante el final de la Edad del Bronce. También se consideró que Tarteso no puede ser entendido como un concepto cultural monolítico, ya que muestra una gran diversidad a lo largo de su territorio, algo propio de un ambiente de mestizaje en continua evolución. Durante el esplendor de Tarteso se desarrollaron en su territorio distintas ciudades-estado gobernadas por familias aristocráticas enriquecidas por el comercio, gracias al cual la influencia de esta cultura alcanzó territorios alejados como Cástulo en Jaén o Medellín en Badajoz. Cuando este modelo político y económico entró en crisis, muchas de las antiguas ciudades de la Tartéside se abandonaron y otras nuevas crecieron, dando lugar al nacimiento de la cultura turdetana, mientras que en los territorios de más allá del Guadalquivir se percibe un crecimiento de la población y el surgimiento de nuevas unidades políticas.

Cartel del II Congreso sobre Tarteso, celebrado en Mérida en noviembre de 2021. Los dos volúmenes de las actas fueron publicados por el Instituto Arqueológico de Mérida. Pueden descargarse de forma gratuita aquí.

Pese a los intentos llevados a cabo en este primer congreso, algunos de los puntos del debate quedaron irresolutos, y la discusión académica sigue tratando de discernir cuánto de fenicio y cuánto de indígena hay en Tarteso, a la vez que han aumentado las voces que afirman que los territorios en torno al Guadiana que iniciaron su apogeo tras la crisis del núcleo principal de la Tartéside también pueden definirse como parte de la cultura tartésica. En el II congreso internacional de Tarteso, llevado a cabo en Mérida en noviembre de 2021, se quiso poner sobre la mesa todos los avances en la investigación que se habían visto espoleados por el congreso anterior. Las ponencias se centraron especialmente en los efectos de la colonización fenicia en el territorio peninsular, la caracterización de la cultura que se desarrolla más allá del corazón de la Tartéside y el análisis de distintos aspectos culturales poco estudiados hasta el momento, como el papel de la mujer en Tarteso, su religión o su escritura.

En este congreso de nuevo fue puesta sobre la mesa la discusión sobre “lo tartésico”, especialmente a raíz de los hallazgos realizados en su periferia, especialmente en el valle del rio Guadiana entre Badajoz y Ciudad Real. La decisión en este campo no ha quedado cerrada, dividida entre los autores que reconocen a Tarteso solo en el ámbito cronológico y espacial del Guadalquivir, y los que asumen una proyección de Tarteso en el territorio del Guadiana después de la crisis de su núcleo principal. Sin embargo, los teorías sobre los eventos que provocaron la crisis final de esta región sí que han sido revisados a la luz de los nuevos descubrimientos. Los autores clásicos que hablaban de esta región en época romana describían un territorio denominado Beturia habitado por pueblos célticos y túrdulos que habrían emigrado hasta allí, y es esta presunta invasión la que se arguyó para explicar el abrupto final de la cultura tartésica en Extremadura. Sin embargo, las nuevas excavaciones están arrojando una visión diferente, basada en una crisis climática o en la sucesión de desastres naturales que empujaron a la población a abandonar el territorio sin la mediación de agresiones externas.

Aún es mucho lo que nos queda por saber, y el panorama investigador es hoy más rico que nunca.

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