por Jesús Manuel de la Cruz Martín
Imagen de portada: parto asistido por dos mujeres ambientado en época ibérica. ªRU-MOR desde el proyecto PastWomen.
Esta es la segunda parte del artículo en el que desgranamos el estudio de Daniel Ruiz de la Cuesta Aguirre sobre la historia genética de las poblaciones iberas de la región de la actual Cataluña durante la Edad del Hierro. Este estudio ha permitido trazar una primera aproximación a la historia genética de los pueblos iberos del Noreste a partir del análisis de ADN de los neonatos, para quienes no se practicaba el rito de cremación tan común entre los iberos, sino que enterrados en el interior de las casas.
El estudio ha demostrado que las comunidades iberas del extremo nororiental de la península evolucionaron sin grandes cambios a partir de las poblaciones locales de la Edad del Bronce hasta la llegada de nuevos aportes demográficos durante la romanización. A partir de su tesis doctoral, el autor ha desarrollado dos artículos académicos en colaboración con otros investigadores, publicados entre los años 2025 y 2026. En esta segunda parte del artículo sobre la historia genética de los iberos del Noreste vamos a desgranar los datos sobre paleogenómica que dibujan el retrato genético de los iberos septentrionales.

Mapa de los pueblos iberos del Noroeste. Aparecen indicados los principales yacimientos descritos en el artículo. Trabajo propio.
Linajes masculinos.
Todos conocemos la importancia de la herencia genérica indoeuropea en la composición de nuestro ADN moderno, la denominada “huella yamnaya” salida de las estepas de Europa Oriental hace más de 6.000 años. Este es el haplogrupo denominado por los genetistas R1b, un gran tronco genético que se divide en subtipos en las diferentes regiones de Europa, conformando linajes diferentes. El linaje mayoritario que puede encontrarse entre los varones de la península ibérica con huella yamnaya es del subtipo DF27.
Sabemos que hoy en día más de la mitad de los españoles poseemos en nuestros genes el tipo DF27 que se origina en algún lugar entre las actuales España y Francia en los inicios de la Edad del Bronce, hace más de 4.000 años. El tipo DF27 se divide a su vez en dos subtipos, L176.2, más habitual en la región de Cataluña y Z272, más común en el País Vasco. Es interesante destacar que, estos tipos también se encuentran fuera de España, principalmente en la Bretaña francesa y Holanda. Sabiendo esto, y sin entrar en más detalles, la cronología más antigua propuesta en la península ibérica para el tipo DF27 procede del yacimiento de la Cueva de los Lagos, en La Rioja, con una datación aproximada entre el 1600 y el 1300 a.C. Estos datos son suficientes para dibujar una imagen general del origen de esta rama genética. Es posible suponer que el linaje DF27 provendría en última instancia de antepasados que habrían vivido en territorios del centro de la actual Francia más de un milenio antes de la conformación de la cultura ibera como nosotros la entendemos, y que desde esta región se expandieron hacia el noroeste de Europa y, atravesando los Pirineos, por la península ibérica.
Este dato matiza esa idea, muy poco afortunada y sin ninguna prueba arqueológica, de una gran ola migratoria de guerreros que cubrió toda Europa desde las estepas orientales en los albores de la Eda del Cobre. Sabemos que el proceso migratorio de la huella yamnaya duró muchos siglos, y ahora sabemos que los linajes R1b son muy diversos geográficamente y no corresponden a una única oleada de migraciones, sino a un proceso más complejo, dilatado en el tiempo y también mucho más prosaico, que parte de la expansión lenta de personas que se mueven hacia un lugar, crean familias allí y más adelante sus descendientes vuelven a moverse. Y ninguno de ellos, desde luego, sabían nada sobre las estepas orientales. Otro dato importante, que suele pasarse por alto, es que los linajes masculinos anteriores al R1b siguen existiendo en la península ibérica. Si leemos este dato junto con la pervivencia de linajes femeninos seculares, a gran escala implica que la ancestría local de los pobladores iberos se mantuvo, enriquecida con aportes externos, pero no sustituida. En concreto, en época ibera se ha constatado la presencia del haplogrupo H2a1, un linaje neolítico peninsular también atestiguado entre otras poblaciones europeas. Otros linajes conocidos en la península anteriores a la huella indoeuropea son el I2 y el G2, pertenecientes a grupos del centro de Europa y Anatolia que alcanzaron la península ibérica durante el Neolítico.

Infografías que reflejan la distribución de los linajes indoeuropeos en Europa Occidental. Nótese que el linaje mayoritario pertenciente a la península ibérica es el subgrupo R1b-DF27 y otos linajes asociados. Fuente: García-Fernández, C. et alii (2022).
Linajes femeninos.
Hasta ahora hemos hablado de los datos de ADN de las poblaciones masculinas. Sin embargo, los estudios que estamos analizando hacen especial hincapié en el estudio de los linajes mitocondriales, es decir, transmitidos por línea materna. La variedad de linajes genéticos femeninos implica que había un frecuente movimiento de población a pequeña escala, con las mujeres viajando de un lugar a otro entre comunidades de manera continuada. Esta costumbre se reconoce como patrilocalidad, e implica que las mujeres abandonaban el hogar familiar para contraer matrimonio y crear una familia en otra comunidad diferente a la de su nacimiento. La mayoría de todos estos linajes genéticos tienen raíces ancestrales en la península. También se aprecia la llegada de linajes externos, principalmente procedentes del Mediterráneo oriental y el norte de África, y que obedecen muy bien a los movimientos de personas llevados a cabo por los contactos coloniales con fenicios y sus sucesores cartagineses y los griegos. En general, estos datos demuestran que la transición entre la Edad del Bronce y la Edad del Hierro, en torno al siglo IX a.C., se produjo sin una influencia externa destacable, lo que unido a nuestro conocimiento arqueológico ayuda a corroborar la continuidad poblacional de los habitantes que derivarían en la cultura ibera como nosotros la conocemos.
Los linajes femeninos más frecuentes entre las comunidades iberas del Noreste eran los H, K, U, J y T. Entre ellos, los más relevantes son los H, HV0 y U, con distintos subclados asociados, especialmente en los linajes H y U. Todos estos linajes, son comunes entre los grupos cazadores recolectores anteriores a la neolitización y entre las comunidades neolíticas y calcolíticas de la península, por lo que no existe duda de su carácter local y milenario. La presencia de estos linajes confirma que los iberos del noreste compartían los mismos ancestros maternos que otros pueblos y comunidades de la península ibérica, aunque también es posible determinar la mayor frecuencia de unos linajes en algunas comunidades frente a otras, lo que corrobora el carácter independiente de las tribus peninsulares, entre quienes podemos constatar por la arqueología que mantenían sus propias tradiciones, costumbres, lengua y creencias. Así, los ilergetas de la fortaleza de Vilars portan de forma notable el linaje U5, ausente en las otras tribus. Entre los cesetanos de Olèrdola es más común el linaje HV0, mientras que para los ausetanos son más comunes los linajes H, particularmente sus subclados H1 y H3. Los resultados del estudio indican además que algunos de estos grupos fueron teniendo mayor éxito frente a otros, especialmente los tipos H y HV.

Análisis genético de los niños incluidos en el estudio. Los colores indican la conexión con otras poblaciones locales y foráneas. Nótese la influencia de los aportes neolíticos y yamnaya en la población general, y la fuerte coneión con pueblos locales en los yacimientos mencionados. Fuente: Cuesta-Aguirre et alii (2025).
En el estudio también se ha apreciado la existencia de algunos linajes maternos poco comunes que pueden explicarse por la relación que los yacimientos estudiados pudieron tener con las rutas comerciales de su época. Así, en la fortaleza de Vilars la población puede retrotraerse a la población local del Bronce con total continuidad, mientras que en Olèrdola y en El Camp de les Lloses aparecen aportes mediterráneos y norteafricanos, explicables a través del contacto con viajeros orientales que reflejan la influencia romana y púnica en la región, aunque igualmente resulta patente la continuidad local.
Así, por ejemplo, entre los cesetanos de Olèrdola se han encontrado los linajes N1a y M1b, típicos de Asia Central y Europa del Este y del norte de África, respectivamente. En Camp de les Lloses se ha advertido el linaje M1a, cuyo origen se remonta también al norte y noreste de África. Otros linajes raros de carácter foráneo han sido los H33c, U4d2 y H1at1, que implican los movimientos de mujeres a larga distancia. El linaje H33c es muy raro en la actualidad, pero se ha encontrado también en un individuo en Ampurias, lo que parece confirmar su origen griego. U4d2 es común entre poblaciones del Europa Central y del Este durante la Edad del Bronce. Pudo haber llegado como parte de la migración indoeuropea del Bronce, o bien podría ser evidencia de los movimientos de población propios de la incipiente romanización. Por su parte, H1at1 es propio de individuos originarios de Italia y el mar Adriático, por lo que podríamos considerar que procede de migrantes itálicos.
En conclusión, estos trabajos y su nueva metodología aplicada en la toma de muestras de ADN nos ofrecen ante una nueva línea de investigación que puede proporcionar nuevas perspectivas de estudio para conocer el profundidad la evolución de las tribus iberas desde su fundación. A la vez, estos trabajos vienen a rellenar un vacío importante en la construcción del pasado genético de los iberos, una ruta abierta que será seguida por otros estudios en otros territorios peninsulares.
Referencias.
Cuesta-Aguirre, D. (2025): Unraveling the Genetic History of Northeastern Iberians. Tesis Doctoral. Universidad Autónoma de Barcelona.
Cuesta-Aguirre, D. et alii (2025): “Mitochondrial DNA diversity in northeast Iberians during the Iron Age”. Journal of Archaeological Science, 183: 106390.
Cuesta-Aguirre, D. et alii (2026): “The genetic landscape of northeastern Iberian communities from the early to late Iron Age”. iSciencie, 29 (6): 116186.
García-Fernández, C. et alii (2022): “Y-chromosome target enrichment reveals rapid expansion of haplogroup R1b-DF27 in Iberia during the Bronze Age transition”. Scientific Reports, 12: 20708.
Webgrafía
Sobre Camp de Les Lloses:
https://www.campdeleslloses.cat/
Sobre Olèrdola:
https://www.mac.cat/ca/Visita-ns-Portada/Olerdola-Portada-Seu
Sobre Vilars d’Arbeca: