por Jesús Manuel de la Cruz Martín
Imagen de portada: fachada del edificio principal de Casas del Turuñuelo, por J. R. Casals.
No cabe duda que el yacimiento de Casas del Turuñuelo, en Guareña (Badajoz) ha conseguido captar la atención y la imaginación del gran público, y el anuncio sobre los hallazgos realizados en la campaña de excavaciones que cada año realiza su equipo de arqueólogos es un momento que muchos esperamos con avidez.
Este año, 2026, hemos visto además una rara excepción a la norma. Y es que la codirectora de la excavación, Esther Rodríguez, anunció a través de sus redes sociales que la rueda de prensa dedicada a informar sobre los resultados de la VIII campaña de excavación no iba a realizarse, como era habitual, a piel del yacimiento, junto al edificio que hace las veces de almacén y espacio de trabajo. Por el contrario, el equipo del Turuñuelo se iba a trasladar a Madrid, a la sede oficial del CSIC, a cuya institución pertenecen tanto Esther Rodríguez como su colega codirector Sebastián Celestino, situada en la céntrica calle de Serrano.
Nada más recibir la noticia, las expectativas se dispararon. ¿Por qué cambiar el emplazamiento de la rueda de prensa? ¿Qué nueva sorpresa justifica este cambio? No son preguntas hechas a la ligera, puesto que año tras año, desde la misma primera campaña en que se descubrió la sala del altar con su bañera, el Turuñuelo no ha dejado de sorprendernos.
En la mañana de la presentación oficial, la sala del CSIC estaba hasta arriba. No cabía una sola persona más. Muchos usuarios de redes, entusiastas de la arqueología y de la historia, contactaron interesadas por poder asistir al evento, pero la expectativa era tan alta que finalmente la organización decidió que solo la prensa podría acudir. Y allí estaban todos. Por deferencia al interés general, también se había habilitado en directo la rueda de prensa en el canal de YouTube del CSIC, y ahí estábamos todos.
La respuesta a nuestras preguntas se respondió al empezar. Las piezas metálicas encontradas en el yacimiento requieren de un cuidado y una restauración que en el edificio habilitado para los trabajos de arqueología no se les puede dar. Los objetos son llevados cada campaña al SECYR, el laboratorio de restauración de la Universidad Autónoma de Madrid. Y es una pieza metálica el objeto estrella de esta última campaña.


Diapositivas de la presentación de la VIII campaña del Turuñuelo. Se muestran los hallazgos de objetos de bronce y marfil en los pasillos de la parte superior del edificio principal. Fuente: IAM-CSIC.
Este año el equipo de excavación ha trabajado en la parte más alta del túmulo, en el área norte y sur que rodean la habitación 100, excavada en 2015 y que demostró ser el espacio de culto principal del yacimiento, el Sancta Sanctórum donde se adoraban a las divinidades del Turuñuelo. Este espacio forma parte del edifico principal que se extendía más allá del patio donde se dispuso la hecatombe de animales encontrada en 2018, que marcó el final del complejo ritual de cierre y enterramiento de todo el complejo. Las nuevas zonas excavadas son espacios de tránsito que dan a las habitaciones contiguas a la capilla principal, que se excavarán en las nuevas campañas.
En el sector norte se han excavado dos pasillos, donde se han encontrado dos braseros de bronce y un caldero, además de un conjunto de dos asas de palmeta que formaban parte de palanganas para el lavatorio de pies, que forman parte de un conjunto de objetos lustrales. La importancia del agua queda demostrada ya de sobra en este lugar gracias a otros hallazgos, como el pie de una pila lustral de mármol del Proconeso encontrada en la campaña del año pasado, que formaría parte del conjunto de recursos destinados al culto en el edificio.
En la zona sur se han encontrado varias piezas fragmentadas, el torso de una esfinge y un alabrastrón egipcio muy parecido al encontrado en Cancho Roano. Es natural que en Turuñuelo solo se encuentren fragmentos de objetos, dado que el edificio fue sometido a una cuidadosa destrucción de todos sus materiales antes de ser enterrado por complejo. En una habitación subsidiaria también se han hallado, un lote concentrado de marfiles, placas con motivos florales y mitológicos, como serpientes aladas, chivos y figuras humanas, que seguramente pudieron pertenecer a cajitas o cofrecillos.

Diapositivas de la presentación de la VIII campaña del Turuñuelo. Se muestran fotografías del equipo de excavación extrayendo la caja de un carro votivo de bronce. Fuente: IAM-CSIC.

Por último, en el pasillo sur se ha localizado un nuevo altar de piel de toro, el tercero documentado, y la pieza que es el principal hallazgo, una preciosa muestra de orfebrería en metal, un carro votivo de bronce, único en la península ibérica y parecido a algunos encontrados en Etruria. El bronce en el Turuñuelo se ve muy afectado por la acidez del suelo y las condiciones de humedad. Solo es medio carro, partido por la mitad. En la caja del carro observamos un rostro de Aqueloo, el dios de los ríos, flanqueado por sendos grifos, y con dos figuras humanas, unos gigantes o atlantes con barba y faldellín que unen la caja de bronce al eje de hierro de las ruedas.
Aqueloo, dios de los ríos en la mitología griega, fue una divinidad con mucho éxito en tierras dentro y fuera de la Hélade, gracias a su conexión con los ríos, la fertilidad y la riqueza de la tierra. De Grecia pasó a Etruria, y de allí a Iberia gracias al fenómeno de la colonización. En nuestro territorio Aqueloo es un viejo conocido: aparece representado en el arte ibero a través de la Bicha de Balazote, y también forma parte de algunas monedas acuñadas también en época ibera en la ciudad de Arse, la célebre Sagunto asediada por Aníbal, que gozó de un importante influjo heleno y latino antes y después de la II Guerra Púnica. Sin embargo, el Aqueloo del Turuñuelo muestra un rasgo único que no se ve en otras representaciones en Occidente: tiene la lengua extendida en un gesto de amenaza, como las Gorgonas, lo que implica que la gente tartesia había desarrollado una nueva forma de representar a este dios del rio para adaptar su imagen a sus creencias particulares.
El análisis de isótopos que se lleve a cabo en laboratorio podría demostrar cual es el origen del bronce para saber de dónde se trajo, si es local o un rico producto de comercio. Sin embargo, este nuevo hallazgo certifica, una vez más, que los señores tartesios de Badajoz eran capaces de concentrar una enorme cantidad de productos de lujo procedentes de todo el Mediterráneo.
Además de este magnífico objeto de bronce, el Turuñuelo ha ofrecido mármoles de Grecia, marfiles de Etruria y vidrios de Macedonia, entre otros. Todos juntos son un indicativo del poder y la capacidad de concentración de objetos de lujo de los aristócratas que rigieron Casas del Turuñuelo. Un espacio que, lejos de estar en una zona alejada del mundo, como podríamos pensar hoy, era un espacio central y estaba absolutamente inmerso en las redes de comercio de larga distancia que conectaban los extremos opuestos del mundo entre los siglos VI y V a. C.

Diapositivas de la presentación de la VIII campaña del Turuñuelo. Se muestran las imágenes del carro votivo de bronce, con sus dimensiones. Fuente: IAM-CSIC.



Diapositivas de la presentación de la VIII campaña del Turuñuelo. Se muestran detalles de la decoración del carro, inlcuyendo los soportes de las ejes de las ruedas y la decoración de la caja de bronce, que muestran el rostro del dios del rio Aqueloo y dos gripos que lo flanquean. Fuente: IAM-CSIC.
Webgrafía
Web del equipo de excavación de Casas del Turuñuelo, Construyendo Tarteso:
Construyendo Tarteso 3.0