La sociedad tartesia y la sociedad fenicia

por El Profesor

El profesor José Luis López Castro es catedrático de la Universidad de Almería. Ha dirigido diferentes proyectos de investigación sobre la presencia de la civilización fenicia en Iberia y en el  norte de África, y también ha estado a cargo de excavaciones arqueológicas en la ciudad fenicia de Útica desde el año 2010.

El artículo que vamos a tratar se titula “La sociedad tartesia y la sociedad fenicia occidental”. Es la continuación y ampliación de un trabajo anterior (López 2005), y resulta interesante porque se centra en los actos y hechos concretos que ocurrieron durante el proceso de aculturación conocido como periodo orientalizante, dentro de la formación de la cultura tartésica.

Aculturación es la adaptación de formas y costumbres de una cultura a otra, ocurrido a través de un período largo de tiempo. La aculturación puede culminar en la incorporación de esos patrones por parte de una cultura, abandonando sus antiguas costumbres o incluso generando unas tradiciones nuevas (CVC, 2019). La aparición de Tarteso se explica como un lento y complejo proceso de aculturación fenicia por parte de los pueblos indígenas que habitaron el estuario del río Gualdaquivir, a través de un período conocido como fase o etapa orientalizante.

Aunque el término orientalizante es utilizado más o menos en consenso por todos los historiadores (Blázquez 2005), los nuevos descubrimientos arqueológicos y la apertura de nuevos conocimientos históricos sobre el horizonte cultural tartésico ha llevado también a matizaciones y discusiones sobre la validez de su uso como concepto cronológico y cultural (Rodríguez 2020).

En el artículo que vamos a comentar el profesor López Castro no entra en estos debates historiográficos, si no que analiza los procesos concretos que llevaron a los indígenas a interesarse por los usos y costumbres de los fenicios, para más tarde imitarlos y finalmente adquirir algunos de ellos como parte de su propia cultura.

El artículo se divide en tres apartados. El primero es una introducción y sirve para establecer un marco teórico general con el que desarrollar los siguientes apartados. Los otros apartados establecen una cronología de las relaciones entre fenicios e indígenas, basándose en unos criterios cronológicos establecidos en un trabajo anterior (2012).

Los nuevos esquemas cronológicos

En este primer apartado se establece una visión de conjunto sobre los pueblos indígenas antes de la llegada de los fenicios, durante la Edad del Bronce. Estaban organizados en grandes grupos familiares, con un sistema de producción centrado en las aldeas y en las actividades doméstica, dirigidos por unos jefes guerreros que poco a poco comenzaban a diferenciarse de los demás.

En el Bronce Final, antes y durante la llegada de los fenicios, los poblados dispersos fueron agrupándose en asentamientos mayores mientras sus jefes amasaban poder y controlaban la explotación de los recursos de un territorio. Este proceso les permitió también monopolizar los nacientes contactos con los navegantes fenicios que llegaban de forma intermitente a las costas de la Península Ibérica en busca de oro y estaño.

Los datos arqueológicos que hoy pueden manejare permiten afirmar que los contactos con oriente y el proceso de aculturación se desarrollaron durante un período de tiempo largo, desde el último cuarto del siglo IX y a lo largo del siglo VIII a.C.

Los contactos sistemáticos no hegemónicos: dos sociedades desiguales en el horizonte fenicio inicial

En este segundo apartado se desgrana cómo debieron ocurrir los primeros contactos entre fenicios y jefes tribales y de qué manera evolucionaron.

El primer dato a tener en cuenta es la gran diferencia que existía entre los tipos de sociedad indígena y fenicia. Los fenicios poseían una sociedad de clases, con una amplia división social del trabajo y con una estructura política e ideológica basada en el poder de los reyes y de los sacerdotes. Por su lado, aunque en los pueblos peninsulares ya destacaban los jefes guerreros, seguían basando su estructura social y política en grupos familiares amplios con diferencias sociales basadas en el rango conferido por la edad y el sexo.

Los primeros viajeros fenicios se asentaron en torno a templos dedicados a sus dioses, considerados lugares sagrados por ambos pueblos y en torno a los cuales se llevaron a cabo los tratos de explotación e intercambio de recursos entre los representantes comerciales fenicios y los jefes indígenas. Estos primeros asentamientos eran pequeños, situados en islas o promontorios y sin un territorio propio.

Los intercambios no estaban basados en una imposición o desequilibrio de poder, sino en la satisfacción de los intereses particulares de ambos negociadores. Los jefes indígenas basaban sus relaciones de poder en el intercambio de “dones”, objetos o recursos que utilizaban para intercambiar o distribuir entre otros jefes y miembros de su comunidad. Los intercambios creaban vínculos de solidaridad pero también de dependencia, en el momento en que una de las partes no podía devolver un don de igual valor al que se hubiera recibido. El contacto con los comerciantes fenicios sirviera para ofrecer dones cada vez más valiosos que fueron convirtiendo las relaciones igualitarias indígenas en sistemas de dependencia. Así los jefes tribales fueron creando familias aristocráticas que basaban su poder en la capacidad para acaparar los productos orientales y ceder así dones sin oportunidad de réplica.

Los contactos sistémicos hegemónicos y las transformaciones sociales en el período colonial

Entre los siglos IX y VII a.C. la cultura fenicia va a cimentar su poder en la región costera del sur peninsular, fomentando que las élites indígenas adopten las formas y usos de poder orientales hasta consumar el proceso de aculturación orientalizante que da lugar a la cultura de Tarteso.

El aumento de la presencia fenicia se percibe claramente por el crecimiento de los asentamientos en las desembocaduras de ríos y bahías resguardadas, los mejores lugares para establecer sus puertos comerciales. Aquí se plantea una cuestión interesante: ¿cómo pudieron los fenicios obtener los territorios en los que asentaron sus crecientes poblaciones? El autor plantea que las relaciones pacíficas entre fenicios y locales dieron pie a alianzas matrimoniales entre los reyes o líderes fenicios y los jefes locales. Sin embargo, también aparecen asentamientos fenicios de gran tamaño con imponentes sistemas defensivos, lo que se explica como una forma de afirmar la presencia de los fenicios en el territorio y su interés por mantenerse allí, lo que ya permitiría hablar de ellos como colonos.

En esta época ya puede definirse de manera concreta la aculturación de los aristócratas locales. Las familias aristocráticas fenicias comenzaron a compartir con sus iguales peninsulares ajuares, prácticas y costumbres típicamente orientales, difuminando aún más la diferencia entre ambos y formando un selecto grupo de individuos que imitaban los usos y costumbres comunes entre las élites de todo el Mediterráneo.

El autor procede a enumerar en una serie de párrafos las actividades, usos y costumbres compartidos entre las familias aristocráticas fenicias y sus parientes e iguales indígenas. Podemos enumerarlas según su aparición en el artículo:

  • Una nueva forma de vivir, basada en los usos de la realeza oriental, basada en el lujo.
  • La celebración de banquetes, costumbre que ya existiría entre los pueblos peninsulares, y la introducción de alimentos de la tríada mediterránea: aceite y vino.
  • Alianzas políticas a través de matrimonios con dote, que podía incluir la cesión de ajuares lujosos.
  • La presencia de artesanos fenicios al servicio de las familias indígenas, dedicados a satisfacer las necesidades de objetos lujosos de las élites peninsulares.

La conclusión última de la consolidación de las familias aristocráticas peninsulares sería una transformación profunda de su sociedad y de su mentalidad. El sentimiento de identidad de los pueblos peninsulares se expresaba a través de unos antepasados comunes que daban forma al grupo familiar al que uno pertenecía. Para garantizar la legitimidad de su poder entre los suyos, las familias aristocráticas usurparon la identidad común de los antepasados para convertirlos en antepasados únicos de su linaje, se apropiaron de los espacios de culto comunes y convirtieron sus viviendas en palacios que se distinguían de las demás viviendas.

Esta imposición se puede rastrear en tres contextos arqueológicos diferentes:

El primero es el ámbito funerario de los túmulos tartésicos, con la presencia de individuos concretos que, aunque se entierran en los sepulcros comunes de su grupo familiar, lo hacen separados o en un lugar concreto, diferente y relevante. Estos individuos se distinguieron por su poder y riquezas, aun cuando parece que sufrieron los mismos padecimientos de hambre o enfermedades que cualquier otro.

El segundo es la aparición de santuarios. Estos edificios, integrados o no en un palacio, están dedicados a un dios o dioses que se relacionaban con las familias aristocráticas y que convierten el poder de estos linajes en un poder divino, o al menos, de mediador entre el dios y su comunidad.

Por último, el desarrollo de la escritura muestra el final de este proceso de diferenciación social, haciendo posible la transmisión de la memoria colectiva, de sus creencias y costumbres.

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Referencias bibliográficas y fuentes consultadas:

BLÁZQUEZ, J. M. (2005): “Evolución del concepto orientalizante en los últimos 50 años en la investigación hispana”, en CELESTINO, S. y JIMÉNEZ, J. (eds): El período orientalizante. Actas del III Simposio Internacional de Arqueología de Mérida: protohistoria del Mediterráneo Occidental. Anejos del Archivo español de arqueología, nº35, Madrid: CSIC. pp. 129-148.

Centro Virtual Cervantes. Diccionario de términos [en línea]. Disponible en: https://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/diccio_ele/diccionario/aculturacion.htm [consulta 28 diciembre 2019]

LÓPEZ, J. (2005): “Aristocracia fenicia y aristocracias autóctonas”, en CELESTINO, S. y JIMÉNEZ, J. (eds): El período orientalizante. Actas del III Simposio Internacional de Arqueología de Mérida: protohistoria del Mediterráneo Occidental. Anejos del Archivo español de arqueología, nº35, Madrid: CSIC. pp. 405-422.

  • (2012): “Fenicios en el Mediterráneo: modelos de relaciones interculturales” en JIMÉNEZ, J. M. y MUÑOZ, F. A. (eds.): La Paz, partera de la historia.Granada: Editorial de la Universidad de Granada. pp. 87-98.
  • (2013): “La sociedad tartesia y la sociedad fenicia occidental”, en CAMPOS, J. L., y ALVAR, J. (eds).: Tarteso. El emporio del metal. Actas del I Congreso Internacional. Córdoba: Almuzara. pp. 485-502.

RODRÍGUEZ, E. (2020): “Tarteso y lo orientalizante. Una revisión historiográfica de una confusión terminológica y su aplicación a la cuenca media del Guadiana”. Lucentum, XXXIX, pp. 113-129.

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