El santuario de El Carambolo y su tesoro

por El Profesor

El yacimiento de El Carambolo ha sido uno de los yacimientos relacionados con el mundo fenicio y tartésico más relevantes de la arqueología y la historiografía españolas.

Se trata de un santuario fenicio situado entre Spal (Sevilla) y Caura (Coria del Río). En el paisaje de la Edad del Hierro, se situaba sobre un cerro a la orilla derecha del Sinus tartésico, muy cerca de la antigua desembocadura del Guadalquivir, un promontorio sobre el que podría obserbarse aquel antiguo golfo interior. En su Ora Marítima, Avieno describía este lugar como el Fani Prominens, el promontorio del santuario, un hito del paisaje fácilmente distinguible entre los siglos VIII y VI a.C. A partir de ese momento, la colmatación del mar interior tartésico por efecto del río Guadalquivir harían cambiar todo el paisaje del entorno, quedando este cerro en una posición menos relevante como hito paisajístico (Escacena e Izquierdo, 2008: 444). En la época de Avieno, el conjunto templario de El Carambolo estaba formado por el santuario de El Carambolo Alto y un poblado en El Carambolo Bajo, situado en la falda occidental del cerro, de espaldas al mar.

El yacimiento de El Carambolo alcanzó repentinamente su fama cuando su famoso tesoro fue encontrado en el año 1958, durante unas obras en las instalaciones para la Asociación deportiva del Tiro del Pichón, que poseía el recinto en torno a la superficie del cerro. El hallazgo del tesoro fue comunicado a los arqueólogos del Servicio Nacional de Excavaciones, dirigido por Juan de Mata Carriazo y con la colaboración de Juan Maluquer de Motes. La importancia de los restos arqueológicos encontrados llevaron a una nueva campaña de excavación entre 1960 y 1961, momento en que se descubrió el poblado de Carambolo Bajo.

Después de ello, no se realizaron más excavaciones arqueológicas, pero sí prosiguieron las investigaciones. Entre ellas, en 1997 se llevó a cabo una prospección geofísica por encargo de la Delegación Provincial de Cultura. Una nueva actuación arqueológica de urgencia se llevó a cabo entre los años 2002 y 2004, tras conocerse la intención de construir en el cerro un complejo hotelero. Estas excavaciones fueron realizadas por las Universidades de Huelva y Sevilla bajo la dirección de Álvaro Fernández Flores y la coordinación de Araceli Rodríguez Azogue, y permitieron profundizar en el conocimiento sobre las estructuras del santuario. Gracias a ello pudo trazarse firmemente su evolución y cronología, estableciendo cinco fases consecutivas numeradas desde la fase más antigua o V, también denominado con la letra E, hasta la fase I o letra A, la más moderna (Fernández y Rodríguez, 2005).

El Templo del Carambolo se encuentra orientado hacia el occidente, en una relación con los puntos de ocaso del Sol y de Venus durante el solsticio de invierno. Estos dos astros se relacionaban con las divinidades a las que se rendía culto en el templo: Venus-la diosa Astarté y Sol-el dios Baal/Melqart. Las fiestas mayores realizadas en el tempo estarían relacionadas con este fenómeno solar del ocaso en invierno. De este modo, se celebraba la muerte y el nacimiento del dios después de tres días, augurando así el inicio de un nuevo año. Por otro lado, el templo dedicado a Astarté como Venus, muy común en los enclaves costeros de la Península Ibérica, conmemoraría a esta diosa como protectora de la navegación y de la fecundidad (Esteban y Escacena, 2013: 134).

Vamos a analizar la evolución del santuario a través del análisis de los excavadores de la campaña del año 2005, Fernández Flores y Rodríguez Azogue (2005, 2010).

Este es el aspecto de El Carambolo mientras se mantuvo un activo como santuario fenicio, en su fase conocida como Santuario B o Carambolo II. A la derecha de la imagen puede apreciarse el poblado de El Carambolo Bajo. En ese lado se ven los pozos rituales en los que se halló el fabuloso tesoro de El Carambolo, entre otras ofrendas. En la sección abierta del edificio se ve la capilla dedicada a Baal, reconocible por su altar en forma de piel de toro. Imagen: Rocío Espín.

Evolución de El Carambolo

El edificio original, Carambolo V o Santuario E, procede del s. IX a.C. Sobre la cabeza del cerro se construyó un templo con una estructura rectangular alargada, orientada en dirección este-oeste, construido en adobe y pintado en blanco. Se accedía al santuario a través de una puerta con rampa que daba a un umbral, del que luego se descendía a un patio a través de dos escalones. El umbral de la puerta y los escalones estaban cubiertos por conchas marinas. Estas conchas hablan directamente del culto a la diosa Astarté, ya que se asocian con los genitales femeninos y su fertilidad, y es posible que actuaran en un sentido mágico protegiendo el santuario, o tal vez sacralizando el acceso a las estancias interiores.

El edificio estaba dividido en dos capillas contiguas, formadas por estancias abiertas con bancos corridos a los lados. Su interior estaría pintado en blanco, con el suelo y los bancos de color rojo. En la capilla de la derecha, se encontraba un hogar circular con un reborde enfoscado, que servía como altar donde quemar ofrendas; la de la izquierda no se ha conservado por las obras modernas.

Carambolo IV o Santuario D fue la primera gran renovación del templo original. En la reforma acometida, el santuario original rectangular fue demolido y su solar aplanado, de manera que su área quedó como un patio interior central en torno al cual construyeron dos edificios simétricos de dimensión cuadrangular. La parte central de cada edificio estaba formada por una capilla, una habitación con unas características similares a la primera construcción: una sala diáfana con bancos corridos y un altar. Cada capilla estaba flanqueada por unas habitaciones estrechas, una a cada lado, que serían dedicadas para la preparación de ofrendas y el almacenamiento.

La capilla norte estaba decorada de blanco con el suelo y los bancos de color rojo, y contaba con un altar cuadrado: era el santuario dedicado a Astarté. La capilla sur mantenía un altar rehundido en el suelo con forma de piel de toro, dedicado a Baal, y su decoración hasta la altura de los bancos era de un ajedrezado de rojo, negro y amarillo. Frente a todo este conjunto de estancias se encontraba un patio de tierra batida.

Carambolo III o Santuario C es una reforma sobre el edificio del Santuario D, respetando su estructura pero ampliando los edificios y el área del templo, ya que en este momento el santuario llegó a su máxima expresión. Se construyó un porche que se decoró con las conchas de Astarté y el patio se pavimentó con cantos rodados.

Como reformas al edificio propiamente dicho, a las capillas principales se les añaden un acceso previo formado por un pequeño vestíbulo. También se construyen nuevas habitaciones adosadas a los edificios gemelos originales. Toda la superficie sagrada del santuario es delimitada por un muro, que acota los patios y engloba el propio edificio. En el extremo norte de este espacio se prepara un patio lateral dedicado a basurero de los objetos rituales. Es en estos basureros donde se encontró el tesoro del Carambolo y otros restos que dan fama al santuario y nos hablan de su culto. Además del tesoro del Carambolo, destacan el exvoto de Astarté en bronce y un pedazo de un vaso cerámico ritual en forma de barco fenicio.

Durante la fase de El Carambolo II o Santuario B se continuó con la ampliación del templo, ocupando los espacios libres al norte y sur del conjunto principal, y compartimentando alguna de las estancias anteriores. En este momento la ampliación del templo ocupa el espacio de la ladera norte, denominado Carambolo Bajo, en el que se van poco a poco salvando el desnivel con sucesivas colmataciones. En este lugar surge un pequeño poblado relacionado con la labor del santuario, tal vez habitado por artesanos especializados en la fabricación de ofrendas y otros objetos del culto diario.

La última etapa del templo es Carambolo I o Santuario A. En este momento volvió a demolerse el edificio, preparando de nuevo el terreno y construyéndolo sobre la planta original. El edificio principal se proyecta ahora como una sucesión de habitaciones alargadas adosadas entre sí, desapareciendo el patio que ejercía de eje entre las capillas de Astarté y Baal. A su alrededor se mantienen los patios, ampliando las estructuras del edificio hacia la zona sur con más habitaciones. Se trata de la máxima ampliación constructiva del santuario, lo que habla sobre la importancia que adquirió en este período.

El paso del siglo VII al VI a.C. supuso el abandono del edificio. El abandono debió de realizarse con cierta urgencia pero de forma organizada, tal vez causada por la destrucción repentina del edificio, lo que llevaría a ocultar algunos de sus bienes más preciados, como el tesoro (vv.aa., 2009: 69). Tras ello, el edificio no se abandonó completamente, si no que se utilizó para realizar actividades artesanales metalúrgicas. El espacio de habitaciones construidas en la ladera norte se mantuvo en uso en esta época, tal vez como parte de las viviendas de los artesanos. No se conoce mucho más puesto que las obras de las instalaciones iniciadas en los años 50 han destruido el sustrato arqueológico.

El tesoro de El Carambolo está compuesto de 21 piezas, divididas en tres grupos según sus técnicas de fabricación (G1, G2 y G3) y en tres grupos según quién lo usara. La interpretación del tesoro ha variado desde su descubrimiento y aún existe debate, pero posiblemente no formara parte de un solo ajuar, si no de varias piezas utilizadas en uno de los rituales más importantes del templo. Fuente imagen: fundaciondescubre.es

El tesoro de El Carambolo

Más allá del santuario, el principal valor del yacimiento del Carambolo ha sido su famoso tesoro. La interpretación de sus piezas y su función ha sido motivo de varias lecturas a lo largo del tiempo, y aún está sujeta a controversia (Torres, 2016). Sin embargo, a partir de la exposición “El Carambolo. 50 años de un tesoro” celebrada para conmemorar el hallazgo del santuario en el año 2009, la interpretación sobre su sentido y uso en el culto del templo ha seguido la lectura de los investigadores José Luis Escacena y Fernando Amores (vv.aa., 2009; Escacena y Amores, 2011).

El llamado “Tesoro del Carambolo” fue hallado dentro de uno de los pozos utilizados para depositar ofrendas y material utilizado dentro de los rituales del santuario. El espacio donde fue hallado fue interpretado inicialmente como un fondo de una cabaña, y el tesoro como el ajuar de un rey, lo que a la larga condicionó la interpretación del yacimiento y de la propia cultura tartésica. El conjunto del tesoro está formado por veintiuna piezas de oro, huecas, compuesto por unos brazaletes cilíndricos, dos plaquetas en forma de piel de toro, un collar y dos conjuntos de ocho plaquetas decoradas con rosetas y semiesferas, respectivamente.

La actual interpretación sigue defendiendo su valor como joyas, pero ha cambiado la percepción de su funcionalidad. El conjunto del tesoro formaría tres ajuares diferenciados, relacionados con el culto a los dioses a los que se dedicó este templo. El juego de collar y brazaletes formaba parte de la vestimenta litúrgica del sacerdote que oficiaba los ritos, atuendo importante en las fiestas religiosas principales y los rituales importantes. Entre ellos estaría la fiesta de resurrección de Baal, que sería una de las principales del templo (Escacena y Amores, 2011: 122).

Los juegos de placas y pieles serían para engalanar a una pareja de bóvidos destinados a ser sacrificados a Astarté y Baal (Escacena y Amores, 2011: 123 ss). La vaca blanca sería para Astarté; el toro pardo para Baal. Al ir engalanados para la ocasión, los animales adquirían un papel consagrado, listos para el sacrificio a los dioses. En este sacrificio, los animales eran degollados y su sangre derramada en torno al altar. La grasa era entregada al dios y las partes más suculentas serían consumidas por los asistentes a la ceremonia, completando el festival.

Este rito representaría un factor muy importante para la mentalidad de los colonos fenicios, ya que suponía la repetición de los antiguos rituales de su tierra madre. Además, el conjunto templario suponía un recinto de especial significación para el comercio en la Península, ya que sería la sede y centro de numerosas transacciones comerciales y del propio sentimiento de pertenencia de la comunidad fenicia en la Península Ibérica. Su estudio y análisis significa por tanto un paso muy importante en nuestro conocimiento de la cultura orientalizante en la Edad del Hierro, de la permanencia fenicia en la Península y de la herencia que legaron a los pueblos indígenas.

Bibliografía:

BORJA, F. (2010): El Carambolo. Aproximación geoarqueológica. En De la Bandera, M.L. y Ferrer, E. (coord.): “El Carambolo. 50 años de un tesoro (separata)”. Universidad de Sevilla. pp.: 177-201.

ESCACENA, J.L. y AMORES, F. (2011): Revestidos como dios manda. El tesoro del Carambolo como ajuar de consagración. SPAL 20. pp.: 107-141.

ESCACENA, J.L. e IZQUIERDO DE MONTES, R. (2008): A propósito del paisaje sagrado fenicio de la pelodesembocadura del Guadalquivir. En “Saturnia Tellus. Definizioni dello spazio consacrato in ambiente etrusco, itálico, fenicio-punico, ibérico e céltico”. Consiglio Nazionale delle ricerche, Roma.

ESTEBAN, C. y ESCACENA, J.L. (2013): Arqueología del cielo. Orientaciones astronómicas en edificios protohistóricos del sur de la Península Ibérica. Trabajos de Prehistoria. 71, nº1, enero-junio. pp.: 113-138.

FERNÁNDEZ, A. y RODRÍGUEZ, A. (2005): El complejo monumental del Carambolo alto, Camas (Sevilla). Un santuario orientalizante en la paleodesembocadura del Guadalquivir. Trabajos de Prehistoria. 62, nº1. pp.: 111 a 138.

FERNÁNDEZ, A. y RODRÍGUEZ, A. (2010): “El Carambolo, secuencia cronocultural del yacimiento. Síntesis de las intervenciones 2002-2005” en De la Bandera, M.L. y Ferrer, E. (coord.): “El Carambolo. 50 años de un tesoro (separata)”. Universidad de Sevilla.

TORRES, M. (2016): “Algunas consideraciones cronológicas sobre el yacimiento tartésico de El Carambolo” en Cuadernos do Museu da Lucerna, Museu da Lucerna-Cortiçol. pp. 78-96

VV.AA. (2009): El Carambolo. 50 años de un tesoro. Consejería de Cultura, Sevilla.

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