Los señores de las estelas. Tartesos antes de Tartesos

por El Profesor

Durante la Edad del Bronce, se desarrolló en la región del suroeste peninsular una cultura de larga evolución a partir de los pueblos calcolíticos autóctonos conocida como Bronce del Suroeste. En la época del Bronce Final, esta cultura ocupaba el territorio entre el río Tajo y las vegas del Guadalquivir, especialmente los territorios montanos de las sierras interiores, en las estribaciones occidentales del Sistema Central, los Montes de Toledo, Sierra Morena y el Alentejo y el Algarve portugués.

En este mapa observamos la zona de distribución de las principales estelas de guerrero y estelas diademadas, lo que permite hacerse una idea aproximada de la zona de influencia y control de la cultura del bronce extremeño, llamada Bronce del Suroeste. Fuente: Almagro Basch, 1974.

La principal característica de este territorio es su aspecto accidentado. A través de esta región se sitúan diferentes zonas de paso, como rutas de trashumancia y de intercambio de metales desde el norte peninsular, lo que hizo importante el dominio de los pasos de montaña y vados para garantizar el control de estas rutas y el poder de quienes lo hacen. También se desarrolló a través de esta región la célebre vía de la Plata, que ha perdurado en diferentes formas hasta hoy en día.

Los poblados se situaban en lo alto de cerros para facilitar su defensa y garantizar una amplia visión del espacio circundante. También podían encontrarse en los valles, localizados en las vegas de los ríos, cerca de otros poblados en altura, o situados en la cercanía de alguno de los vados que permitían el cruce.

Las comunidades que habitaban estos poblados eran pequeñas, y en el caso de los poblados menos relevantes, es posible que no residieran en un mismo lugar más que una o dos generaciones.

La sociedad de estas comunidades era igualitaria, basada en el trabajo de un territorio comunal. Es posible que existiera una distribución del trabajo según la edad y el sexo de los miembros de la misma comunidad. La agricultura de subsistencia y sus labores relacionadas ocuparían el tiempo de la mayoría de los miembros de la población. Algunas personas se ocuparían de trabajos artesanales más específicos, mientras que las mujeres tendrían una labor fundamental en trabajos hogareños, como la elaboración de comida o la crianza de los niños.

Esta imagen representa a un jefe del campaniforme ofreciendo una libación u ofrenda a sus dioses. Aunque alejada en el tiempo al Bronce del Suroeste, en su conjunto esta imagen es útil para ilustrar a los jefes de las estelas que a partir del Bronce Final comenzaron a representarse en las estelas extremeñas. Fuente: Arturo Asensio.

La metalurgia del bronce, ampliamente dominada por esta cultura, se vio favorecida por las explotaciones de estaño distribuidas en la región, con algunos poblados especializados en su explotación y procesamiento. Probablemente, el trabajo minero sería detentado por hombres, dados su exigencia física y los riesgos que se le suponen.

La cantidad extraída de este mineral sería la necesaria para elaborar instrumentos y armas, pero la aleación de bronce requeriría de intercambios para conseguir otros minerales, conseguidos a través de las rutas que atravesaban la región.

Además de las minas de estaño, en el curso medio de los ríos Tajo y Guadiana existieron vetas de oro que podían sacarse directamente de los ríos. Es posible que la obtención del oro en los ríos fuera realizada por mujeres, con una técnica enseñada de madres a hijas.

Algunas de estas mujeres, tal vez jefas o matriarcas de su comunidad, se hicieron representar en estelas con sus joyas de oro, símbolo de su rango y posición.

Estas joyas se han podido encontrar en tesoros, algunos depositados en tumbas y otros ocultados o enterrados, que reflejan una larga tradición orfebre que se mantendría con la llegada de los pueblos colonizadores. La existencia de estos ajuares y su demostración como símbolos de poder en estelas son los que han sugerido a los investigadores que la mujer en esta cultura disfrutaría de una buena consideración social.

Los torques de Sagrajas han sido fechados a inicios del I milenio antes de Cristo. Este tipo de productos de lujo han sido identificados como los ajuares que portaban algunas de las mujeres representadas en las estelas diademadas extremeñas. Estos objetos debieron ser objetos muy preciados entre la comunidad a la que pertenecieron, y sus propietarios, posiblemente mujeres, debieron lucirlos como objetos de gran prestigio en representación de su poder y estatus social. Fuente: MAN.

Sin embargo, la jefatura en estas poblaciones sería detentada principalmente por líderes guerreros, que hicieron de la ostentación de sus armas el símbolo de su poder.

El rasgo cultural más característico de estas sociedades del Bronce fue la realización de las llamadas estelas de guerrero, que inundan todo el territorio desde el rio Tajo hasta la vega del Guadalquivir. En estas estelas, los jefes de diferentes poblaciones quisieron dejar muestra de su autoridad por un territorio haciéndose representar en estelas hincadas con los principales atributos de su poder.

La estela de Capilla VIII, de Badajoz, es un prototipo de estela decorada del Suroeste. Aparecen objetos de importación de lujo, como un espejo o arpa y otro elemento como un collar, además de armas como espadas típicas de la Edad del Bronce y escudos de escotadura que sugieren las relaciones entre Extremadura y la región Atlántica ya desde épocas remotas. Fuente: www.estelasdecoradas.es

En estas estelas encontramos diferentes elementos tanto de origen local como traídos de lugares lejanos, como Oriente o el norte Atlántico. De esta manera, las estelas demuestran que los territorios donde habitaron estas poblaciones, agrestes y accidentados, no quedaban fuera de las rutas de intercambios del momento. Los jefes guerreros hicieron del control de estos intercambios una forma de demostrar su riqueza y hacer gala y ostentación de ella.

La religión y ritos funerarios de estas poblaciones no es muy conocido. Destacan sobre todo una serie de depósitos de armas y objetos preciosos que eran enterrados o depositados en cursos de agua y en la desembocadura de los ríos.

El hallazgo de estos tesoros nos hablan sobre cómo las gentes del Bronce dedicaron algunos de sus objetos más valiosos a unas divinidades que vivían en las aguas, o que se relacionaban con lugares que reunían un simbolismo religioso muy marcado, como caminos, vados y encrucijadas, que hablan sobre la separación entre nuestro mundo y el Más Allá.

En la ría de Huelva se encontró uno de los depósitos de armas del Bronce más importantes de Europa. Estas armas fueron depositadas durante generaciones en el estuario del río Guadalquivir como ofrendas a los dioses, o tal vez a los espíritus antepasados o como parte de un culto a los difuntos. Este tipo de depósitos son muy comunes en toda la Europa de la Edad del Bronce y su existencia se asocia tanto a factores religiosos como a aspectos funcionales, aunque su interpretación exacta aún se discute. Fuente: MAN.

La llegada de los comerciantes orientales significó un profundo cambio, para mejor, de las sociedades del Bronce Peninsular. Durante el período Orientalizante, estas sociedades se hicieron más complejas y sofisticadas. Los señores de las estelas se convirtieron en auténticos reyes y aristócratas, asumiendo las costumbres orientales y desarrollando su poder a través de una mayor complejidad social, un control específico del territorio y la creación de monumentos dedicados a los dioses, que resaltaran el poder de estos nuevos líderes.

Cuando Tarteso llegó a su decadencia, en la periferia extremeña aún vivió un momento de esplendor. Los grandes santuarios como Cancho Roano y el Turuñuelo, o los Tesoros como los de Aliseda y el Carambolo nos hablan de una cultura rica y muy desarrollada. Sin embargo, estos edificios fueron destruidos por sus propios constructores ante la llegada de nuevos pobladores, los célticos. Después de realizar ritos a favor de sus dioses, desacralizaron los templos y los incendiaron.

Estas poblaciones celtibéricas, desde la meseta norte, se extendieron hacia el sur y el suroeste, dominando las antiguas poblaciones tartésicas y llevando esta cultura a su final.

Bibliografía

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